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Dolor de rodillas

Esguince de rodilla, la lesión del deportista

esguince de rodilla

Es quizás una lesión prácticamente asociada a la práctica deportiva. El esguince de rodilla es menos popular que el de tobillo pero su repercusión en nuestra calidad de vida es sintomáticamente mayor. Veamos por qué.

¿Qué nos torcemos?

La musculatura que configura la rodilla está preparada para soportar la carga corporal tanto en movimiento como en los instantes en que nuestro cuerpo permanece estático. Este dato nos aporta una idea de lo importante que es la articulación en la ejecución de nuestro equilibrio y movimiento y por qué un esguince de rodilla puede causar tantas molestias.

En ese engranaje perfecto del que hablábamos intervienen cuatro grupos de ligamentos:

El ligamento lateral (o colateral) externo y el ligamento lateral interno (o colateral medial) evitan el desplazamiento lateral de la misma, mientras que el ligamento cruzado anterior y el ligamento cruzado posterior limitan la extensión y la flexión, evitando que éstas sean absolutas.

ligamento lateral interno

En un esguince de rodilla se realiza una hiperextensión de uno o varios de los grupos de ligamentos, produciéndose un movimiento anatómicamente incorrecto a raíz de un traumatismo o un gesto de flexión o rotación que causan una rotura total o parcial del ligamento.

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Debido a su peculiaridad, es habitual que se produzca durante el desarrollo de actividades deportivas, como comentábamos anteriormente.

Acción directa o indirecta

Los esguinces de rodilla tienen su origen en dos tipos de gestos: los actos de acción directa y los de acción indirecta.

Los actos de acción directa atienden a golpes, traumatismos o impactos en la rodilla o bien por caídas frontales con las rodillas flexionadas, mientras que los relativos a acciones indirectas están relacionados con movimientos de flexión-rotación que concursa con un desplazamiento de la pierna sobre la que se carga, como puede ser un giro brusco al afianzar la pierna sobre el suelo.

El bloqueo del pie sobre el suelo y el posterior giro repentino del cuerpo hace que la rodilla fuerce su naturaleza y se cause un esguince de rodilla, fácilmente detectable por su sintomatología y el dolor que presenta.

La presión ejercida sobre los ligamentos cuando nos enfrentamos a una hiperextensión de los mismos puede ser tan elevada que cause su rotura debido al exceso de carga.

Pautas para reconocerlo

El esguince es una patología detectable de primera mano, ya que el impacto que recibamos o la errónea extensión o el giro brusco causan un dolor intenso de forma inmediata. A veces, incluso, podemos llegar a escuchar un leve crujido en el momento en que se produce el esguince, aunque esta característica no ocurre en todos los casos ni es determinante sin un correcto diagnóstico.

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Entre la sintomatología más frecuente esta el dolor de rodilla, tanto durante la exploración como durante el propio acto de caminar, la hinchazón y rigidez al disminuir la movilidad, limitación de la movilidad funcional o inestabilidad e incluso, principalmente en aquellos casos en que la lesión se produce por un impacto, pequeños hematomas, dependiendo del grado del esguince.

En definitiva, el desgarro parcial de ligamentos que se produce en el esguince de rodilla cursa con mucho dolor e impide un correcto movimiento de bipedestación.

Ahora ya sabemos que la lesión está catalogada como esguince de rodilla pero, ¿en qué ligamento se ha producido el daño? El reconocimiento de la zona nos dará pistas para reconocer el ligamento damnificado.

Si estamos hablando de esguince lateral interno o externo percibiremos dolor a la manipulación en esa zona e inflamación localizada. Este apunte es significativo, puesto que una inflamación generalizada en que se aprecie la presencia de líquido sinovial derramado es característica de un daño en el menisco.

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El esguince de rodilla en la zona de los ligamentos cruzados es de mayor consideración y gravedad, sobre todo si la rotura es completa. La sensación que percibimos es de inestabilidad de la rodilla, como si no fuese a responder a la postura de bipedestación y en cualquier momento fuese a hacernos perder el equilibrio.

Además, percibiremos un derrame sinovial añadido a la inflamación de la rodilla, de forma que la percepción que tenemos de la lesión es de mayor gravedad que la referente a los ligamentos laterales.

Consultar con un especialista

resonancia magnética

Sin duda, como para cualquier tipo de patología, el protocolo idóneo para un diagnóstico acertado de rodilla es la visita a un médico especialista para dar cobertura al caso mediante la exploración, también conocida como prueba de estrés, o a través de pruebas médicas determinantes, que variarán en función de la gravedad y podrán ir desde la mera exploración hasta una radiografía, ecografía o una resonancia magnética.

Cuestión de grados

El grado que se le asigne al esguince de rodilla va a estar determinado por el daño sufrido por los ligamentos, pudiendo catalogarse en tres grupos:

Grado 1. Es un esguince leve en el que el estiramiento es apenas significativo o la rotura solo afecta a algunas fibras, sin que la movilidad de la articulación se vea afectada.

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Grado 2. En el caso del esguince medio sí se produce un desgarro del ligamento, aunque la rotura no es total y la inestabilidad de la articulación no es de consideración, ya que puede ser mínima o relativa.

Grado 3. En este caso se trata de un esguince grave, ya que la rotura del ligamento es completa y la afectación es mayor, causando una inestabilidad significativa y limitando exponencialmente la movilidad.

Fases del tratamiento

Gran parte de nuestra autonomía en cuanto a movilidad es dependiente de un buen funcionamiento de las rodillas, de ahí que los cuidados en caso de lesión deban pautarse de forma adecuada. Inicialmente, tras la valoración de la gravedad por parte de un médico especialista debemos considerar afrontar la recuperación dividiéndola en dos fases muy diferenciadas.

La acción prioritaria es controlar y remitir tanto el dolor como la inflamación, ya que la recuperación de la rodilla debe realizarse toda vez que no hay molestias en la misma para manipularla y mejorar su condición física. Posteriormente realizaremos los protocolos necesarios para una correcta rehabilitación.

Etapa aguda

Es el período que transcurre desde el momento del incidente hasta que remite el dolor y la inflamación de la rodilla. Debemos considerar que de producirse un derrame significativo, el médico valorará la idoneidad de realizar un drenaje de líquido sinovial para mitigar las molestias.

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La inmovilización de la articulación se realizará en mayor o menor medida en función del grado de lesión, pudiendo oscilar entre los 3-4 días en los casos más leves hasta las 2 semanas en casos en que los ligamentos se pudiesen ver mayormente afectados.

Etapa de recuperación

El tratamiento de recuperación debe incluir acciones para favorecer la flexibilidad de la fibra que se ha regenerado y evitar su endurecimiento, además de ayudar a la articulación a mantener su estabilidad y firmeza mediante el fortalecimiento de la musculatura.

Es importante aplicar una correcta rehabilitación sobre la articulación, ya que en esguinces muy graves la firmeza y estabilidad de la misma se ven seriamente comprometidas, por lo que es muy importante en la recuperación la estimulación de la propiocepción en esta fase.

Si bien hay accidentes inevitables que causan este tipo de lesiones, no debemos olvidar que mantenernos en un buen estado físico y la correcta tonificación de las articulaciones son unas buenas medidas para evitar y prevenir daños de estas características.